sábado, febrero 18, 2012

La Puebla de Guadalupe




Cuenta la leyenda, que a un pastor se le apareció la Virgen en el lugar donde encontró una de sus vacas muerta, junto al río Guadalupe. Ésta le dijo, después de resucitar a la vaca, que fuera corriendo donde los clérigos y que les dijera que justo debajo del lugar donde estaba la vaca, hallarían una imagen. Y que justo ahí, levantaran una ermita, que se convertiría en iglesia y sería casa de importancia. Se levantaba así uno de los Santuarios con más importancia a nivel nacional e internacional.Y lo que pasa con estas cosas... Viendo el éxito que tenía, se fueron afincado gentes alrededor del Santuario. Y se formó así la Puebla de Guadalupe. Guadalupe para amigos y conocidos. Todo esto está explicado a grosso modo, para que nos entendamos todos. Aprovecho y pido perdón públicamente a historiadores y gente del gremio por destrozar la historia de esta manera.

Fijados ya los cimientos, ya os imagináis y podréis intuir, dónde ha sido nuestro último destino. Nuestra primera incursión en tierras cacereñas. Y me temo que no será la última...


Debo decir aquí que esta escapada ha sido un regalo "sorpresa" de cumpleaños-aniversario de boda. Un regalo que me pensé seriamente si descambiar o no... El motivo: las cuatro horas de camino en coche. Que añadiéndose las paradas de rigor, sería más tiempo. Tantas horas de coche + niños pequeños es una combinación que no suele ir bien. El caso es que era uno de los destinos que tenía vistos desde hace tiempo, así como otros pueblos de Cáceres y Cáceres mismo. No podía desaprovechar la oportunidad. Y en el Parador, encima... Así que después de consultarlo con la almohada (y con una amiga que lo ha sufrido en sus carnes, que todo hay que decirlo) decidí que iríamos. Halaaaa, a la aventuraaaa.

¿No os pasado nunca que cuando imagináis como puede ir algo resulta que va de una forma contraria a la que pensabais? Pues esto ha ocurrido en este viaje. La pesadilla de camino que imaginaba ha sido el camino más tranquilo que he tenido en mi vida de madre: increíble cómo se portaron. Dentro del coche y fuera. Estoy que ni me lo creo todavía. En general, creo que ha sido uno de los viajes más relajados que he tenido en mi vida.

Así que nada, el camino transcurrió de lo más tranquilo. Y pintoresco. Pero no sé por qué extraña razón, la radio coche sólo sintonizaba la emisora de Radio Olé. Así que nos pasamos la gran parte del camino al son de "Ay pena, penita pena", y "Soy minero". Pero bueno, sobrevivimos a ello... Además tengo que confesar que me gustan estas canciones... no sé porqué...



En fin, que llegamos al pueblo. Buscamos aparcamiento (que después cambiaríamos por el parking del Parador) y entramos dentro. Todo son elogios para este establecimiento: el trato, la limpieza, la comida... Todo, todito, todo. La fotografía de abajo nos muestra una de las vistas de Monasterio desde los jardines del Parador.



Después de soltar la maleta, pues tocaba dar una vuelta. Preferimos dejar el Monasterio para después de comer, para descansar un rato. Cosa que no pudo ser, ya que ninguno de los dos niños consintió el echar una mala siesta. Y eso que llevaban despiertos desde las seis de la mañana. Preferían meter la mano en el agua de la fuente del patio del hotel. Con el frío que hacía....



Así que nada. A las 16.00 de la tarde, estábamos viendo el Monasterio. Ya os dije antes que había sido el viaje más tranquilo de mi vida. Pues otras de las sorpresas del día fue que Santiago se quedó dormido justo al empezar la visita guiada, por lo que pude escuchar perfectamente la explicaciones del guía sin ir corriendo detrás de éste y recogerlo del suelo mil veces. Dormidito todo el recorrido. Es más, se despertó justo al finalizar, creo yo que para hacerse fotos en el claustro, que por cierto es uno de lo más bonitos que he visto.


Después nos quedamos haciendo fotos a la fachada y alrededores. Merendamos, y dimos otra vueltecilla. De verdad que es un lugar precioso, muy tranquilo.... muy bonito. Otra de las cosas curiosas que nos encontramos dando un paseíto por el barrio judío, fue a un franciscano que iba delante nuestra. Digo curioso porque queda de pintoresco y apropiao en las fotos...., jajaja.



Al día siguiente nos levantamos tranquilos, desayunamos tranquilos, dimos el último paseo tranquilos y cogimos el camino de vuelta. Que fue tan bien como a la ida.

Moraleja: No nos preocupemos tanto por cómo irán las cosas... No demos por hecho las cosas así como así. Que nunca salen cómo pensamos.



No hay comentarios:

Publicar un comentario