De profesión: crítico de hotel. Así debería haberse llamado esta entrada.
Remontémonos pues a octubre de 2009. Decidimos pasar unos días en el pueblo de Setenil de las Bodegas. Había visto imágenes del pueblo y me encantaron, así que porqué no conocerlo. Está cerca de Sevilla, en la Sierra de Cádiz, en la ruta de los Pueblos Blancos. Otra razón más para conocerlo. Para quien se anime, el dato destacable del pueblo son sus casas cuevas, excavadas en una montaña. Las dos calles principales: la calle Sol, y la calle Sombra. No explicaré porqué frente a la obviedad de los nombres.
Pueblo precioso, comida estupenda, alojamiento,mmmmmm, no sabría como calificarlo.
Como el blog se denomina "Diario de un viaje con niños", os preguntaréis que dónde esta el niño. Pues el niño está analizando el hotel. A Manuel le gusta los hoteles. Y los analiza. Y opina. Esto no tendría nada de especial si tuviera los 4 años que tiene hoy en día. Pero por aquello entonces tenía dos y medio.
Al llegar al hotel el padre y yo no lo encontramos especialmente cómodo. Y eso que no somos muy delicaditos para estas cosas. Pero ya que estaba pagado, pues decidimos quedarnos. Una noche aguantamos. Salimos al día siguiente después de comer. ¿Qué nos hizo decidirnos a ello? ¡¡Pues el niño!! El caso es que terminamos de comer y tirábamos para el hotel, cuando le decimos al niño: "Ahora vamos a dormir una siesta". El niño puso cara de triunfo y dijo todo contento: "¿Al piso?". Nos miramos el padre y yo y le dijimos: "No, a la habitación del hotel". a lo que le respondió con cara de pocos amigos: "Piazón fea". O sea: "Habitación fea". Nos echamos a reír. Os puedo asegurar que ni el padre ni yo hicimos comentario alguno sobre el hotel delante de él. Fui iniciativa propia. Es cierto también que esto fue una cosa que le marcó durante un tiempo. Una especie de trauma. No se porqué. Durante un tiempo, cada vez que íbamos a algún sitio decía: "¿A la piazon fea?". Durante un tiempo todo fue, "piazón fea", y "piazón bonita". Menos mal que que se le pasó al señorito. La verdad que cada vez que nos acordamos, nos reímos un rato.
Así que la ruta que hicimos, por si alguien se anima a visitar la zona, fue la siguiente: El primer día visitamos sel pueblo, que en verdad, es precioso.
El segundo cogimos el coche y nis llegamos a las ruinas de la ciudad de Acinipo, o Ronda la Vieja, como le llaman también. Son las ruinas de una ciudad romana. No os esperéis gran cosa, aunque lo que se conserva, que es el teatro, me gustó.
Después nos llegamos a El Gastor, otro pueblo de los alrededores. Como es de esperar, precioso también. La verdad es que la zona aquella no tiene desperdicio. Después volvimos sal pueblo a comer, y ocurrió el suceso decisivo.
Moraleja: No subestimemos a los niños, por muy pequeños que sean. Que saben muy bien lo que quieren. O mejor dicho: lo que no quieren.
Recomendación: A animarse a conocer la zona. No os vais a arrepentir.
















