jueves, diciembre 15, 2011

Viaje al pasado II: Setenil de las Bodegas







De profesión: crítico de hotel. Así debería haberse llamado esta entrada.

Remontémonos pues a octubre de 2009. Decidimos pasar unos días en el pueblo de Setenil de las Bodegas. Había visto imágenes del pueblo y me encantaron, así que porqué no conocerlo. Está cerca de Sevilla, en la Sierra de Cádiz, en la ruta de los Pueblos Blancos. Otra razón más para conocerlo. Para quien se anime, el dato destacable del pueblo son sus casas cuevas, excavadas en una montaña. Las dos calles principales: la calle Sol, y la calle Sombra. No explicaré porqué frente a la obviedad de los nombres.




Pueblo precioso, comida estupenda, alojamiento,mmmmmm, no sabría como calificarlo.


Como el blog se denomina "Diario de un viaje con niños", os preguntaréis que dónde esta el niño. Pues el niño está analizando el hotel. A Manuel le gusta los hoteles. Y los analiza. Y opina. Esto no tendría nada de especial si tuviera los 4 años que tiene hoy en día. Pero por aquello entonces tenía dos y medio.

Al llegar al hotel el padre y yo no lo encontramos especialmente cómodo. Y eso que no somos muy delicaditos para estas cosas. Pero ya que estaba pagado, pues decidimos quedarnos. Una noche aguantamos. Salimos al día siguiente después de comer. ¿Qué nos hizo decidirnos a ello? ¡¡Pues el niño!! El caso es que terminamos de comer y tirábamos para el hotel, cuando le decimos al niño: "Ahora vamos  a dormir una siesta". El niño puso cara de triunfo y dijo todo contento: "¿Al piso?". Nos miramos el padre y yo y le dijimos: "No, a la habitación del  hotel". a lo que le respondió con cara de pocos amigos: "Piazón fea". O sea: "Habitación fea". Nos echamos a reír. Os puedo asegurar que ni el padre ni yo hicimos comentario alguno sobre el hotel delante de él. Fui iniciativa propia. Es cierto también que esto fue una cosa que le marcó durante un tiempo. Una especie de trauma. No se porqué. Durante un tiempo, cada vez que íbamos a algún sitio decía: "¿A la piazon fea?". Durante un tiempo todo fue, "piazón fea", y "piazón bonita". Menos mal que que se le pasó al señorito. La verdad que cada vez que nos acordamos, nos reímos un rato.

Así que la ruta que hicimos, por si alguien se anima a visitar la zona, fue la siguiente: El primer día visitamos sel pueblo, que en verdad, es precioso.





El segundo cogimos el coche y nis llegamos a las ruinas de la ciudad de Acinipo, o Ronda la Vieja, como le llaman también. Son las ruinas de una ciudad romana. No os esperéis gran cosa, aunque lo que se conserva, que es el teatro, me gustó.




 Después nos llegamos a El Gastor, otro pueblo de los alrededores. Como es de esperar, precioso también. La verdad es que la zona aquella no tiene desperdicio. Después volvimos sal pueblo a comer, y ocurrió el suceso decisivo.






Moraleja: No subestimemos a los niños, por muy pequeños que sean. Que saben muy bien lo que quieren. O mejor dicho: lo que no quieren.

Recomendación: A animarse a conocer la zona. No os vais a arrepentir.

lunes, diciembre 12, 2011

Fin de semana en la Bahía de Cádiz



A ver. Hace muy poco tiempo de este viaje. Lo tengo todavía muy fresco y me cuesta cogerle el punto positivo, pero.... ¡lo voy a intentar!

26-27 de noviembre. Decidimos irnos el fin de semana por ahí. Me decanté por el Puerto de Santa María para el primer día, y Cádiz para el segundo. Nos alojamos el El Puerto. Está cerca y es más barato para alojamientos que Cádiz. Busqué un apartahotel por el tema de la comida, sobre todo para la cena. Con los niños es siempre más cómodo. Después del todo el día dando vueltas, les das una duchita y preparas cualquier cosa para la cena. Como los Mercadonas abundan allá a donde vayas, decidimos prerapar la maleta (¡una para los cuatro, señores!), el carrito, un patín para Manuel de esos que se enganchan en la sillita de paseo (préstamo de una amiga a la que estaré eternamente agradecida porque el invento funcionó que da gusto), las cámaras de fotos, video y demás, y ¡¡¡a pasar el finde fuera!!!

Nos alojamos en la Casa de lo Leones. Una casa palacio restaurada que está incluida en la lista de monumentos del Puerto. Preciosa. Y barata, para nuestra sorpresa. Para quien le interese, dejo enlace:
http://www.casadelosleones.com/2011_ESP/hotel.php



La verdad es que el fin de semana fue, cuanto menos, curioso. Primero: Una de los problemas a los que nos enfrentamos las personas que nos gusta viajar ligeritas de equipajes, es que se nos pueden olvidar cosas. En este caso, fue una de las importantes: se me olvidó meter una muda para los niños. Lo que leéis. Increíble como afectan los partos a la memoria (aquellas madres que lean esto, entenderán perfectamente de lo que estoy hablando). Prácticamente dejamos la memoria en el paritorio, junto a la placenta. Pero en fin, como íbamos a  estar un día solo, y mis hijos no son de mucho mancharse, pues le quité algo de importancia, y mi lucha comenzó por interntar que ese día no se revolcasen demasiado. Ni se tirasen comida encima. Parecía yo una de estas madres pesadillas: no te revuelques, niño; no te vayas a manchar.... que se le ha "olvidao" la ropa a la "despistá" de vuestra madre.... Y pregunto yo ahora: ¿Qué es lo que ocurre cuando no quieres que una cosa suceda? O mejor dicho: ¿ Qué creéis vosotros que hacen los niños justo cuando no tienes ropa para cambiarlos, cuando no son de mancharse mucho? ¡Acertásteis! ¡¡Mancharse todo lo que puedan!! Pasar las mano por la pared y ponerse el puño la camiseta interior negra como el carbón, tirarse el yogurt encima... cosas así, sin importancia.... En fin...




Que después de soltar las maletas y todo lo que conlleva la llegada a un hotel, fuimos a dar una vuelta. La verdad es que es un pueblo muy bonito. Me gustó. A pesar de estar tan cerca, no lo conocíamos. Y me encantó. El olor de las bodegas mientras paseas por las calles (a plátanos, como dice Manuel, no se porqué...), a mar por la mañana..., la plaza de la Iglesia Mayor Prioral, preciosa... Paseito por el paseo maritimo... Me encantó. A pesar del cansancio, los despistes, el mal humor mío. Y de lo desorientada que estaba ese fin de semana. Debe ser la falta de costumbre, porque no sabía donde estaba ni con un plano en la mano. La edad, que pasa factura.... Supongo....




A la mañana siguiente decidimos, como dije al principio de la entrada, ir a Cádiz. Nos levantamos a las 6 de la mañana. Muy buena horita. Decidida, por supuesto, por nuestros hijos. Un par de horas o tres más tarde, salimos a desayunar. Desayunamos en la plaza esa que comenté antes. La de Iglesia Mayor Prioral. Preciosa. Me encantó, no sé si lo he dicho todavía. Estaba desierta. Muy tranquila. Desayunamos fuera, al fresquito. También porque lo decidieron mis hijos. Después tiramos para Cádiz. Vimos muy poco la verdad. Mitad por los niños, mitad por mi desorientación plano en mano. Vueltas y más vueltas por el mismo lado.... En fin... Volveremos otro día, que esta sólo a una horita.



Y para terminar, moraleja: mmmmmmmmm, ... esto...... eeeeeeeeee.... ¡¡Pero qué bonita era la plaza!!

miércoles, noviembre 23, 2011

Viaje al pasado I: Córdoba.




Remontémonos unos años atrás.... finales de febrero del año 2009. Me estrenaba como madre viajera con niños. Bueno, con uno sólo. Con Manuel. Habíamos salido en plan ir a pasar el día a...., pero en plan vamos a algún sitio a hacer turismo y visitar cosas, era la primera vez. Fuimos tres día.

Nos decidimos para este estreno la ciudad de los Omeyas: Córdoba. La verdad es que pasear por sus calles con un bichillo de casi dos años, a su pasito, fue una experiencia única. Y desesperante. Decir a todo esto, que nosotros solemos llevarnos el carrito para que le de el aire, al pobre, por no tenerlo aquí encerrado. Para gastarle un poco las ruedas. Para que conozca mundo. Porque usarlo, lo que se dice usarlo, lo hemos usado bien poco. Mis hijos han debido desarrollar alguna alergia a ir sentado paseando o algo así. A los carros y a las cunas. Pero eso es otra historia....

Como no sabíamos cómo iba a desarrollarse el viaje de hora y media en el coche, decidimos ir en tren. Así el movimiento del pequeño era más ilimitado. La verdad es que al poco tiempo de salir, se quedo dormido, así que mucha lata no nos dio. Y esta se sorpresa repitió durante los tres día que estuvimos allí: se portó estupendamente. El primer día nos dedicamos a ver el Alcázar de los Reyes Cristianos, en plan tranquilo. También cruzamos el Puente Romano. Debo decir que esta última misión nos costó como una hora. Un hora para cruzar un puente. Y nos es que el Guadalquivir sea tan ancho... No es que el puente sea tan largo. Es que mi hijo iba despuntando maneras en lo que os comenté en otra entrada: iba entrenado su tranquilidad innata. Daba tres pasitos y miraba las hormiguitas; daba otros tres y les echaba agüita... En fin, todo un ejercicio de paciencia. Yo creo que lo hacen por nuestro bien. No es maldad... Es para que aprendamos a controlarnos, a ser pacientes.





El segundo día visitamos la Mezquita (para quien no la haya visitado, decir que entre las 8.30 y 10.00 es gratis) y  nos llegamos a Medina Azahara, a unos 12 km de la capital. Precioso, no puedo decir otra cosa. Ya la visitamos mi marido y yo cuando novios, y esta segunda visita no tuvo nada que ver. Más cansada, la verdad. Pero sorprendentemente la recuerdo con más cariño. Lo malo de la visita fue la vuelta. Para quién no hay ido, decir que todo el recorrido a la ida es cuesta abajo. Y para a la vuelta, pues lógicamente, cuesta arriba. El niño se quedo dormido y tocó subirlo en brazos, ya que el carrito por ahí no se podía meter. Decir también que la alergia no se mostraba si lo metías dormido por un ratito... La tarde la pasamos paseando por el centro: esas calles, patios, flores... que más decir.

El tercer día, que fue solo por la mañana, nos fuimos al Zoo. La primera vez que lo visité fue de pequeña. Pero lo encontré muy cambiado. La verdad es que a los tres nos gustó la visita. Después cogimos el tren de vuelta a casita. La verdad es que pasan rápido tres días. Y que les sacamos provecho también.





Pues para teminar, como siempre moraleja: Ejercicio de paciencia. De hecho se me viene a la cabeza un dicho que dice: "Todo adulto necesita un niño para aprender. Así aprenden los adultos". Más verdad no hay.

viernes, noviembre 04, 2011

¡Tierra a la vista!





Aprovechando tres días que nos cogimos un todo incluido en Cartaya el pasado mes de septiembre, decidimos llegarnos a Palos de la Frontera para ver el Muelle de las Carabelas. Allí está recreado el puerto de dónde partieron Colón y los suyos en busca de las Indias, con las réplicas de los barquitos que estuvieron expuestos durante la EXPO´92.

Antes de seguir, comentaros brevemente cómo es mi hijo mayor. Es necesario para comprender lo que os voy a contar a continuación. Es cagón. En una palabra. Me explico: si tiene que subir, o sobre todo, bajar una escalera, se lo piensa. Porque ademas de cagoncete, es algo flojillo. Y direis: "Que madre más mala.... cómo habla del niño... Menos mal que es su hijo, si no...". Para compensar, decir que esta falta de talento en lo que al ámbito de la psimotricidad gruesa se refiere, lo suple de una forma desproporcional en el ámbito de la verborrea. Es decir, te pone la cabeza como un bombo en dos segundos. Y también en talento para ganarse cosas llamándome bonita y preciosa más de dos o tres veces al día, o para decirme cuando estoy enfadada por lo que sea: "¿Sabes lo que te hace falta, mamá? Un beso mio." Y plantarme un besazo en la cara que pa´ qué. ¿A que no soy tan mala madre?, jejeje A lo que iba, que me enrollo.




Entramos en muelle y para empezar nos subimos a la "Santa María". Yo iba con el pequeño en brazos, que estaba dormidito. Así que me quedé sentada en el sitio ese donde están las cuerdas en los barcos (como podéis comprobar, no poseo la verborrea de mi hijo de cuatro años). Pues bien, fue pisar el niño el barco, y empezar a correr y a subir por las escaleras como si hubiera nacido en uno de ellos. Y juro que no fue así, que nació en un hospital, como casi todo el mundo. El que tuvo que desplegar toda su forma física fue el padre, subiendo y bajando escaleras detrás del  niño, cual gorila en la selva. Alucinado estaba yo.

Después de ver  las otras dos y repetirse el mismo cuadro, nos fuimos  a dar un paseo por alrededor del barco, donde hay reproducciones de un poblado indio, con sus casas y con estatuas de los nativos. Cuando vimos las estatuas le dijimos al niño, (Manuel para amigos y familiares,que ya es hora de que le ponga nombre a la criatura, que lo tiene, y muy bonito, además), que si se quería hacer una foto con las estatuas. El respondió de después. Cuando llegamos a las últimas, se lo repetimos, a lo cual contestó:" ¿Sabes? Yo creo que es mejor que le hagas la foto a la estatua sola..." Daban un poco de yuyu, la verdad....

Cosas negativas del viaje: haberlas, húbolas. Relegadas en el olvido quedaron...

Moraleja de la historia: los niños cada día te sorprenden más. Y una que cree que los conoce porque los ha pario...

miércoles, noviembre 02, 2011

Por la Sierra de Aracena

Aire puro.... (respiro hondo) ..... "¿Cuándo vamos a llegar?".... (respiro más hondo aún).... Mirar el paisaje, relajante.... (vuelvo a respirar).... "Papá, ponme "Say , say"".... (título de canción que quién la adivine, le regalo al niño)... (ahora respiramos hondo el padre y yo)... Reparto galletitas, mientras comen, están callados....

De pronto, el cartel: "Villa turística de Fuenteheridos". Llegamos a nuestro destino. Tras hora y media de camino, ya hemos llegado. Nuestra misión: coger castañas. Otra de las ideas que llevaba, era hacer una pequeña ruta por los pueblos de alrededor. Todo dependiendo, por supuesto, de lo cansado que estuvieran los niños.

Bajamos del coche. Ahora es cuando empieza la aventura de verdad. Mientras el padre va con el mayor y mi hermana por ahí a ver que encuentran (esta vez, vinimos con refuerzos, cosa útil si además de dar vueltas pretendes echar algunas fotos), yo decido, gran idea la mía, quedarme con el pequeño cerca del coche, ya que para un niño de un año recién cumplidos, ir por campo andando es como ir borracho.

Como es normal, la primera idea de mi hijo, es meterse todo lo que vea en la boca. Y mientras más asqueroso mejor. Me quedé por ahí con él, analizando y observando familias que llegaban, con las abuelas incorporadas, a lo mismo que nosotros. Situaciones cómicas hubieron a miles. Tras media hora o así, la situación cómica a destacar no fue protagonizada por las abuelas, ni por mis niños.... sino por la tita en cuestión. No había forma de que bajara de la montañita a a la que se había subido. Tras varios intentos, y después de que rodaran castañas por la cuesta, bajó.

El siguiente pueblo a visitar fue Almonaster la Real. Había oído hablar de la mezquita de allí, y pensamos en llegarnos. Así que montamos a los niños en el coche y tiramos para allá. 20 minutos de coche, con curvas cerradas. No me puedo quejar de cómo se portaron. Como unos campeones.





La mezquita preciosa. El pequeño, amarrao, porque el terreno no daba para más.




Como nota final, me quedo con una historieta con moraleja protagonizada por mi hijo mayor, antes de salir de la mezquita:

" A la entrada de ésta, hay una fuente. Dentro de ella, monedas que tira la gente para pedir deseos. La tita le dice al enano : "Coge una, tírala y pide un deseo". Coge una monedita, y la tira dentro. Mi hermana le pregunta: "¿Qué deseo has pedido?". El enano responde, encogiéndose de hombros:
 " Venir aquí otra vez" ".


Me quedo con esto. Y por supuesto, con los montaditos de jamón y de queso que cominos de vuelta a Fuenteheridos. El mirador de Alájar lo dejaremos para otro día. Por hoy, ya está bien. Aprovechando la hora de la siesta, tomamos el camino de vuelta.

Y una que se cree que los niños no disfrutan con estas cosas.... Me parece a mi que quien se agobia con tonterías es una....

domingo, octubre 23, 2011

El por qué de este blog.

De un viaje... De una excursión.... De una salida....

Podría haberle puesto mil nombre: Viajando con niños, excursioneando con niños, saliendo con niños....
El caso es que cualquiera de estas actividades (con niños por supuesto) supone toda una aventura, en muchos casos difícil de olvidar. Casi siempre negativamente hablando. Casi siempre nos quedamos con lo malo del viaje, de la excursión, de la salida... Yo elegí la palabra viaje, porque esta palabra para mí implica mucho más que hacer turismo. Implica un aprendizaje. Un querer conocer más. De todo. Positivo.

Después de todo esto, breve presentación. Me llamo Vanessa, tengo 34 años, estoy casada y con dos niños. El mayor de 4 y el pequeño de 1. Os presento mi pequeño cuaderno de viaje, de excursiones, de salidas, .... Todo ello, por supuesto... ¡ con niños!

¡Vamos a ello!