viernes, noviembre 04, 2011

¡Tierra a la vista!





Aprovechando tres días que nos cogimos un todo incluido en Cartaya el pasado mes de septiembre, decidimos llegarnos a Palos de la Frontera para ver el Muelle de las Carabelas. Allí está recreado el puerto de dónde partieron Colón y los suyos en busca de las Indias, con las réplicas de los barquitos que estuvieron expuestos durante la EXPO´92.

Antes de seguir, comentaros brevemente cómo es mi hijo mayor. Es necesario para comprender lo que os voy a contar a continuación. Es cagón. En una palabra. Me explico: si tiene que subir, o sobre todo, bajar una escalera, se lo piensa. Porque ademas de cagoncete, es algo flojillo. Y direis: "Que madre más mala.... cómo habla del niño... Menos mal que es su hijo, si no...". Para compensar, decir que esta falta de talento en lo que al ámbito de la psimotricidad gruesa se refiere, lo suple de una forma desproporcional en el ámbito de la verborrea. Es decir, te pone la cabeza como un bombo en dos segundos. Y también en talento para ganarse cosas llamándome bonita y preciosa más de dos o tres veces al día, o para decirme cuando estoy enfadada por lo que sea: "¿Sabes lo que te hace falta, mamá? Un beso mio." Y plantarme un besazo en la cara que pa´ qué. ¿A que no soy tan mala madre?, jejeje A lo que iba, que me enrollo.




Entramos en muelle y para empezar nos subimos a la "Santa María". Yo iba con el pequeño en brazos, que estaba dormidito. Así que me quedé sentada en el sitio ese donde están las cuerdas en los barcos (como podéis comprobar, no poseo la verborrea de mi hijo de cuatro años). Pues bien, fue pisar el niño el barco, y empezar a correr y a subir por las escaleras como si hubiera nacido en uno de ellos. Y juro que no fue así, que nació en un hospital, como casi todo el mundo. El que tuvo que desplegar toda su forma física fue el padre, subiendo y bajando escaleras detrás del  niño, cual gorila en la selva. Alucinado estaba yo.

Después de ver  las otras dos y repetirse el mismo cuadro, nos fuimos  a dar un paseo por alrededor del barco, donde hay reproducciones de un poblado indio, con sus casas y con estatuas de los nativos. Cuando vimos las estatuas le dijimos al niño, (Manuel para amigos y familiares,que ya es hora de que le ponga nombre a la criatura, que lo tiene, y muy bonito, además), que si se quería hacer una foto con las estatuas. El respondió de después. Cuando llegamos a las últimas, se lo repetimos, a lo cual contestó:" ¿Sabes? Yo creo que es mejor que le hagas la foto a la estatua sola..." Daban un poco de yuyu, la verdad....

Cosas negativas del viaje: haberlas, húbolas. Relegadas en el olvido quedaron...

Moraleja de la historia: los niños cada día te sorprenden más. Y una que cree que los conoce porque los ha pario...

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