Desde hace unos años resulta que hemos adoptado como nuestro, por circunstancias que no vienen al caso, a un pueblecillo de la sierra de Sevilla: El Ronquillo. El una de nuestras estancias allí, concretamente en el puente de Todos los Santos del 2013, mi madre, un poco harta de niños y de no dormir siesta, nos mandó a todos, desde el cariño, a dar un paseito después de comer. Mi compadre (dueño de la casa y nativo del pueblo) nos llevó a andar por la Vía Verde que parte de la antigua estación, hoy en día convertida en hotel y restaurante recientemente inaugurado.
Y resulta que lo que empezó como una salida "impuesta", resultó ser una tarde lo más de "apañá": estuvimos por la Vía Verde, pasamos después por un lavadero en el pueblo de El Garrobo, y terminamos tomando café en la Venta del Alto.
La Vía Verde, como cabe esperar, no la hicimos entera. Sólo andurreamos un poco: vimos el pantano, cogimos palos, y pudimos ver con nuestros ojos lo "descuidada" que es la gente. Como muestra, estas dos imágenes:
Creo que existe como una ley impuesta que dice que si vemos un lugar aparentemente "abandonado", eso derecho a destrozarlo aún más. Primera fotografía: los cristales de la estación rotos. Sí señor: estamos restaurado la estación, y si hay un parón, pues es de derecho que alguien venga y nos lo destroce.
Y bueno, la segunda imagen es un clásico ya: no cabe la basura en el cubo, y en vez de dejarla en una bolsita y vuelta al coche, lo tiro al suelo.... ¡Claro que sí! Así somos....
Aún así, el paseo fue agradable. Buena temperatura y buenas vistas.
A la vuelta, decidimos llegarnos a un pueblo cercano a ver el lavandero y la fuente de allí. Estuvimos un rato por allí, explicándoles a los niños que antes no había lavadoras y la gente lavaba allí.
Y para terminar, cafe en la Venta del Alto, una venta en medio de la carretera (como viene siendo habitual en las ventas) y preciosa, a todo esto...
Moraleja: Las cosas, mientras menos se planean, mejor salen.













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